El modelo chino: capital-socialismo de control social.

Sale el XIII Informe del Observatorio Van Thuân

Ya ha salido el XIII Informe sobre la Doctrina social de la Iglesia en el mundo del Observatorio Cardenal Van Thuân [Cantagalli, Siena 2021, pp. 222, 16 euros]. Este año está dedicado al “modelo chino”, un modelo de capital-socialismo de control social construido en China pero que se está exportando a todo el mundo. En muchos aspectos, el modelo chino ya está aquí, en Occidente, también en Italia: el nuevo socialismo financiero, el Gran Reseteo de Davos, los ataques a la propiedad privada, el control de los movimientos con la excusa de la salud, la congelación de la democracia, la superación de las religiones en una única religión.

También este año el Informe del Observatorio da en el blanco: el modelo chino es un tema de actualidad y parece atraer a muchos. Los países africanos lo importan con la ilusión de reducir la pobreza; los gobiernos para proceder hacia una democracia de la vigilancia; los empresarios occidentales porque necesitan el mercado chino que parece funcionar tan bien sin democracia; el Vaticano no hace alusión alguna al problema de los derechos humanos en China para no molestar; los gobiernos socialistas latinoamericanos venden barato a China posiciones clave en el campo energético y en el ámbito de la investigación. Si China ha construido una gran base de datos para el control de los fieles de las distintas religiones, en Francia y Dinamarca las homilías están controladas por el gobierno y en Italia la liturgia la decide el ministerio del Interior.

El modelo chino quiere ser una convivencia entre capitalismo y socialismo, centralismo y autonomía, orden y libertad, ateísmo y tradiciones religiosas. La economía no es estatalista, pero es igualmente centralista. El control de los movimientos y de la vida misma de los ciudadanos es total. El orden está considerado el fin que justifica la suspensión de los derechos humanos y las libertades individuales. Las religiones tradicionales son toleradas, pero solo si aceptan la “sinización” atea. China dice ser comunista, pero hace negocios por todos los medios en los mercados económicos y financieros. Dice que es atea, pero firma acuerdos secretos con el Vaticano. Puede controlar en público y fingir que tolera en privado. Puede decir que es revolucionaria y conservadora al mismo tiempo: continuar la revolución cultural y detener cualquier manifestación en la calle.

El Informe, que incluye una intervención del cardenal Zen, contiene ocho ensayos sobre el modelo chino y ocho crónicas de los cinco continentes que informan sobre su exhortación fuera de China. El Informe documenta que China ya es una gran potencia militar (Gianandrea Gaiani), que su presencia en los vértices de los organismos internacionales es total (Luca Pingani), que está llevando a cabo una verdadera ocupación del continente africano, que ha transformado Hong-Kong de isla de la libertad en provincia de la China comunista (Stefano Magni). Documenta también que el modelo chino tiene puntos débiles o incluso estaría a punto de colapsar, como dice en su ensayo en el Informe Steven Mosher, el periodista estadounidense que en los años 80 del siglo pasado fue el primer en informar a Occidente de la aberración que suponía la política del hijo único. Gianfranco Battisti, en su ensayo, incluso llega a prefigurar los próximos desarrollos geoestratégicos. Pero, sobre todo, muestra la extraña atracción que el modelo chino tiene en el mundo y, en especial, en los países occidentales. Daniel Martins lo documenta en América Latina, Silvio Brachetta en las democracias europeas, Paolo Gulisano en las políticas antipandemia, Anna Bono en África, Andrea Mariotto en Italia. China quiere ser el mundo, el modelo chino es “la ruta de la seda”, como escriben los editores Riccardo Cascioli y Stefano Fontana en la Síntesis introductoria del Informe. El modelo chino es un artificio político que China utiliza para exportarse a sí misma sin declararlo. Nadie, fuera de China, quiere que China sea el mundo; y sin embargo, muchos quieren imitar en su país el modelo chino, que es la ruta para que China sea el mundo.

El modelo chino es comunismo, ateísmo, materialismo, ideología ferrea… pero lo hace con inteligencia y esto explica cómo puede penetrar en la cultura occidental y europea, cuya democracia está pasando por una grave crisis de identidad y en la que las actitudes políticas del modelo chino ya están en marcha. La periodista de la RAI Giovanna Botteri, que no le dejaba pasar una a Trump, no dice nada sobre los laogai ahora que es corresponsal en Pekín, ni las manifestaciones masivas de los habitantes de Hong Kong han tenido repercusión en Occidente y tampoco en el Vaticano; pero cuando la ciudad de Fiume en Croacia bloqueó el control chino del puerto se armó un revuelo porque es la única que lo ha hecho, a pesar de que se sabe que hay un plan chino de ocupación de los puertos.

El Informe anterior -el XII- del Observatorio Cardenal Van Thuân estaba dedicado al ecologismo y el globalismo y tuvo una gran difusión. Este, el XIII, está dedicado al modelo chino y merece una gran atención porque en el fondo se trata del principal argumento político global del mundo actual.

Stefano Fontana

 

El informe está publicado solo en italiano

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