Nuestro Observatorio desea expresar algunas valoraciones tras la toma de posesión del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, el pasado 20 de enero. Lo hacemos teniendo en cuenta las exigencias totales de la Doctrina Social de la Iglesia, a la que está dedicado el Observatorio, y el realismo cristiano, según el cual la salvación, incluso para las realidades terrenas, sólo viene de Nuestro Señor Jesucristo, y todo acontecimiento de la historia humana está cargado de pecado. Esto no impide valorar también los acontecimientos con agudeza, pero con razonable cautela, sin entusiasmos indebidos y atentos a la necesaria verificación en el tiempo.

Durante la contienda electoral entre Donald Trump y Kamala Harris, en diversas partes de Estados Unidos y más allá, muchas comunidades cristianas se habían reunido en oración. La victoria de la candidata del Partido Demócrata fue percibida como una grave calamidad, una desgracia que merecía una impetuosa súplica a Dios para que nos eximiera y liberara de ella. Fue un signo elocuente de la percepción de lo que estaba en juego. Nunca una contienda electoral había adquirido tal significado: la conciencia de la intolerabilidad no de alguien en particular, sino de un sistema orgánico de poder. Ciertamente, esta profunda intolerancia afectaba también a los individuos que se encontraban en la cúspide de ese sistema o que, sin ser sus principales impulsores, sin embargo lo representaban, como el presidente saliente Joe Biden y la vicepresidenta y candidata Kamala Harris, pero la cuestión había trascendido los límites de las contiendas electorales tradicionales y lo que estaba en juego era la elección entre perpetuar un sistema de principios y valores de pesadilla o abrir algunas puertas verdaderamente alternativas para salir de él.

Muchos comentaristas afirman que los criterios de voto en Estados Unidos son muy pragmáticos y difícilmente idealistas. Esta vez, sin embargo, el pueblo estadounidense ha expresado su deseo de liberarse de una democracia totalitaria y nihilista votando sobre la base de principios y valores.

La democracia liberal estadounidense desde Clinton en adelante, pasando por Obama y Biden, ha sido totalitaria. Ha construido un vasto sistema de poder vinculando los aparatos gubernamentales, las agencias de seguridad, los centros de poder de la sociedad civil, los grandes medios de comunicación, los nuevos amos de la web, las universidades, las

agencias internacionales e incluso la Unión Europea. Poco o nada podía escapar al control generalizado de este enorme Estado profundo. Uno de los momentos culminantes de la aplicación de este control generalizado fue el bienio Covid, durante el cual se creó el totalitarismo sanitario, se institucionalizaron las mentiras, se reforzó el vínculo instrumental con organismos internacionales desviados como la OMS, que se ha reforzado, se ha impuesto la censura en las grandes sociedades.

Este aparato leviatánico opresor no sólo tenía objetivos de dominación material, sino que pretendía imponer el «credo» del nihilismo autodestructivo de los nuevos derechos, o credo woke, con la eliminación de cualquier significado anterior al acto supuestamente absoluto

de la voluntad individual, que debía actuar como si partiera de cero. Emblemas evidentes de este credo eran el presidente Biden y su vice Harris. Esta última había saltado a la fama como abogada defensora de Planned Parenthood, la agencia de los abortos hasta el nacimiento y del comercio de fetos abortados. Una vez candidata, eligió como candidato a vicepresidente al gobernador de Minnesota, Tim Walz, un extremista del aborto y de los nuevos derechos, evitando así moderar sus posiciones pero insistiendo en presentar la contienda como un choque entre dos sistemas de valores. Un desafío sin cuartel cuyo mensaje también fue recibido por los votantes.

Dos de los ámbitos privilegiados de la nueva ideología antinatural y antirreligiosa de los liberales estadounidenses fueron el universitario y el del espectáculo. En todas las universidades de ambas costas, bajo el pretexto de la inclusión y de la llamada riqueza de la diversidad, se impuso una homologación lingüística y cultural, con la prohibición del uso de palabras que pudieran entenderse como expresión de cualquier identidad. La cultura woke cobró protagonismo, aplicando expulsiones de profesores y sanciones y amenazas a los alumnos. La negación forzada de las identidades expresaba una nueva identidad, la de no tener identidad. La ideología sustituía al conocimiento, la ciencia y la cultura. El artificio ocupaba el lugar de la realidad. Esto también explica el considerable número de científicos y de centros culturales que abrazaron la irreal ideología de género o el cambio climático antropogénico.

La adhesión a lo políticamente correcto -o «absurdamente correcto»- causó grandes daños, materiales y espirituales, especialmente a través de la mitología verde. El otro campo fue el del entretenimiento. En la campaña electoral,

todos los grandes nombres del sistema tomaron partido por uno de ellos, con algunas excepciones menores.

La democracia totalitaria liberal también implicó a parte de la Iglesia católica estadounidense en las cuestiones de la comunión a los políticos que apoyan el aborto, el reconocimiento de las parejas del mismo sexo, la adopción de menores por parte de éstas, la aceptación de inmigrantes incluso irregulares. Incluso fuera de Estados Unidos, la Iglesia católica ha manifestado en diversas ocasiones su adhesión a agendas ideológicas globalistas: del ecologismo verde al despotismo sanitario, de la sociedad vista como una mermelada multirreligiosa y multiétnica al apoyo de los puntos  más desenfrenados de la secularización.

Con las elecciones generales que llevaron a Trump a la Casa Blanca, el complejo andamiaje de este sistema ha quedado en entredicho. Aún con un exceso de mesianismo retórico ligado al MAGA (Make America Great Again), y teniendo en cuenta que el mundo que ahora apluade entusiasmado está muy diferenciado internamente, puede decirse que esto abre algunas puertas y algunas ventanas para cambios reales y quienes se guían por la Doctrina Social de la Iglesia pueden esperar un aire más respirable, un progresivo aflojamiento de las tenazas del sistema, en una expansión progresiva de los cambios en otros lugares del mundo y especialmente en Europa. Pueden esperar que el panorama actual recupere algún elemento de «sentido común», como dijo incluso Trump en su primer discurso como presidente. Con la ideología desbocada toda causa está perdida, con las intenciones de sentido común se puede pensar en encontrar entendimientos sobre el bien común. Del primer discurso del presidente Trump y de sus primeras órdenes ejecutivas se entiende que el cambio de rumbo ya se está produciendo y esto parece abrir nuevos márgenes de maniobra también para los principios de la Doctrina Social de la Iglesia sobre la vida y la familia, sobre la ética del poder político y sobre la responsabilidad moral de las acciones de los ciudadanos, sobre un debilitamiento del globalismo oprimente, sobre la confianza en las naciones y en  los pueblos más que en los aparatos y las corporaciones, sobre la libertad en la verdad para toda persona humana… y también sobre un posible retorno a Dios en la vida pública.     

Nuestro Observatorio se ha pronunciado en sus últimos Informes Anuales sobre las cuestiones globales que están cobrando ahora actualidad:

2024: Finis Europae. Un epitaffio per il vecchio continente? [Finis Europae. ¿Un epitafio para el Viejo Continente?]

2023: Un Deep State planetario: la politica manovrata dall’ombra [Un Estado profundo planetario: la política maniobra desde la sombra]

2022: Proprietà privata e libertà. Contro lo sharing globalista [Propiedad privada y libertad. Contra el reparto globalista]

2021: Il modello cinese: capital-socialismo del controllo sociale [El modelo chino: capitalismo de control social]

2020: Ambientalismo e globalismo: nuove ideologie politiche [Ecologismo y globalismo: nuevas ideologías políticas]

Traducido por Pedro Nicolas Herrero

(Foto: Wikipedia Di Daniel Torok – Official 2025 Inauguration Invite and http://www.whitehouse.gov)

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