Editorial

Una curiosa interdisciplinariedad: la literatura y la Doctrina social de la Iglesia

El tema de este número de nuestro “Boletín” quizás sorprenda a los lectores. No creo que la relación entre la Doctrina social de la Iglesia y la literatura se haya abordado nunca antes, y ciertamente esta conexión no surge de forma espontánea, como puede ocurrir con la relación de la Doctrina social con la política, la economía o el trabajo. La originalidad, así como la importancia, del tema elegido es, por tanto, mérito de la redacción del “Boletín” y, en particular, de Fabio Trevisan, que ha editado el número.

Sin embargo, si tenemos en cuenta la naturaleza profunda de la Doctrina social de la Iglesia, la yuxtaposición no es nada extraña. El párrafo 59 de la encíclica Centesimus annus (1991) de Juan Pablo II dice que tiene una “dimensión interdisciplinaria”[1]. Por tanto, es natural que también hable con la literatura. La Doctrina social de la Iglesia tiene su origen en el derecho natural y en la Revelación. Estos dos órdenes de verdad están co-presentes en la Doctrina social en su distinción unitaria, en colaboración recíproca, manteniendo la primacía del plano sobrenatural sobre el natural, condición esencial para que este último se mantenga fiel a sí mismo. La literatura también pertenece a la razón natural, siendo el universal humano en una biografía particular. La verdad es analógica, y también está la verdad de la literatura que le permite relacionarse con la Doctrina Social de la Iglesia, que se interesa por todo tipo de verdad. La literatura no es irracional, es el uso de la razón en la literatura, y por lo tanto las novelas -las dignas de ese nombre, por supuesto- se miden necesariamente con los temas queridos por la Doctrina social de la Iglesia, ya sea directa o indirectamente, subvirtiendo sus principios o confirmándolos. Tanto Dickens como Zola hablan del mundo del trabajo, pero no de la misma manera, por lo que se relacionan con la Doctrina social de la Iglesia de forma diferente.

Esto es evidente no solo cuando la novela trata algún tema específico que entra dentro de la Doctrina social de la Iglesia, como el trabajo, sino también y sobre todo cuando trata temas “metafísicos”, es decir, relativos al sentido de la convivencia humana. La novela de Dostoievski Los demonios pertenece a esta categoría. Analiza el problema del nihilismo, un fenómeno en la Rusia de la época, ya abordado por Turguénev en Padres e hijos, queno es solo político sino también filosófico. Kirillov y Stavrogin, los dos principales nihilistas de Los demonios, representan una visión de la vida y de las relaciones humanas que es antitética a la de la Doctrina social de la Iglesia: “Todo el mundo lleva tiempo cayendo y todo el mundo sabe desde hace tiempo que no hay nada a lo que agarrarse”. Lo mismo puede decirse de la novela de Riccardo Bacchelli Il diavolo al Pontelungo, donde se describe el pensamiento de los anarquistas Bakunin y Cafiero y sus seguidores. También en este caso, la relación con la Doctrina social de la Iglesia es evidente, aunque se base en el contraste: la anarquía se guía, de hecho, por la idea de que “hay que desesperar filosóficamente en el cielo… para esperar históricamente en la tierra”.

Cuando la literatura sigue siendo literatura y no se deja intimidar por la ideología, cuando no se pone al servicio de las promesas y utopías temporales, cuando no se violenta a sí misma… entonces triunfa la relación sutil, discreta y delicada con la Doctrina social de la Iglesia. No a la manera de un tratado, porque las novelas no son tratados, sino según un mensaje intangible que llega al alma del lector y lo involucra directamente en su inteligencia y otras facultades.

La literatura tiene una enorme capacidad de penetración, toca muchas cuerdas al mismo tiempo, convence sin explicar en detalle, lo atrae a uno y al hacerlo lo obliga a entrar en sí mismo. El amo del mundo de Benson explica la realidad de nuestro tiempo mejor que cualquier tratado científico. El arpa de Davita, de Potock, aclara la diferencia entre religión e ideología política comunista más que un estudio académico sobre el tema. La alianza entre la literatura y la Doctrina social de la Iglesia es, por tanto, muy importante, porque el lenguaje literario puede -cuando no se hace de forma forzada- abrir vías de comprensión de los principios y valores de la Doctrina social de la Iglesia y difundirlos en círculos no expertos.

Los autores de los artículos que presentamos en este número nos presentan a algunos novelistas católicos de nuestro tiempo, algunos bien conocidos por el público en general, otros no tanto. Son muy diferentes entre sí, pero tienen en común su intención de retratar el impacto del cristianismo en el mundo y lo que esto significa para la vida comunitaria de los hombres en la sociedad. Y esto es precisamente lo que hace también la Doctrina social de la Iglesia.  

S.E. Mons. Giampaolo Crepaldi

Obispo de Trieste


[1] Véase sobre este tema: G. Crepaldi y S. Fontana, La dimensione interdisciplinare della Dottrina sociale della Chiesa – Uno studio sul Magistero, Cantagalli, Siena 2006.

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