
El papa León XIV no deja de sorprender con sus palabras. El jueves 28 de agosto de 2025 pronunció un Discurso a la Delegación de representantes políticos y personalidades civiles de Val de Marne que es una joyita de la Doctrina Social de la Iglesia. Debería ser glosado in extenso. Aquí me ocuparé de una de sus enseñanzas.
Vale la pena citar el párrafo completo:
“Me alegra acogerles en este camino de fe: regresarán a sus compromisos cotidianos fortalecidos en la esperanza, más firmes para trabajar en la construcción de un mundo más justo, más humano, más fraterno, que no puede ser otra cosa que un mundo más impregnado del Evangelio. Ante los numerosos desvíos de todo tipo que viven nuestras sociedades occidentales, no podemos hacer nada mejor, como cristianos, que volvernos hacia Cristo y pedir su auxilio en el ejercicio de nuestras responsabilidades”.
Me interesa rescatar una de las ideas: “la construcción de un mundo más justo, más humano, más fraterno, que no puede ser otra cosa que un mundo más impregnado del Evangelio”.
Dicho de otra manera: en primer lugar, el Evangelio convierte al mundo en cristiano y, debido a este motivo, en más justo, más humano y más fraterno. El Catolicismo ubica cada cosa en su lugar, dignifica al hombre y lo convierte en hijo de Dios. Podría agregarse otra característica propia de un orden social de acuerdo al derecho natural y cristiano: se trataría de un mundo en paz dado que ella es opus iustitiae (obra de la justicia). Aquí podría invocarse el lema episcopal de Pío XI, ilustre predecesor del papa León XIV: Pax Christi in Regno Christi. La Realeza social de Cristo es la clave de bóveda de la vida humana dado que la salvación del hombre se labra en sociedad, ya se trate de las distintas comunidades políticas, ya se trate de la Iglesia.
El enfoque sobrenatural sobre la vida social humana marca la diferencia entre la Doctrina Social de la Iglesia y el naturalismo. Para caracterizar a este último, podrían citarse otras palabras del papa León XIV en este Discurso: “(…). Jesús lo afirmó con vigor: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5); por tanto, no debe sorprender que la promoción de «valores», por muy evangélicos que sean, pero «vaciados» de Cristo, su autor, sean incapaces de cambiar el mundo”.
Precisamente, en la separación de lo natural respecto de lo sobrenatural en la vida social en general y, en particular, en la política está la raíz de la “cuestión social” y sus manifestaciones a lo largo de la historia. Se trata del terreno, siempre tentador, del liberalismo. Liberalismo que se invoca, con frecuencia, ante el riesgo de “confundir” lo humano con lo cristiano o subsumir el primero en el segundo. La versión moderada de esta tentación es “Iglesia libre, Estado libre”. A nivel individual, un mismo sujeto debería disociar su condición de ciudadano de su condición de cristiano. Según esta mentalidad, por ejemplo, no habría inconveniente en que, en cuanto cristiano, el individuo sostuviera la pecaminosidad de aborto –téngase presente que la Iglesia también es maestra en lo que se refiere a la ley moral natural– y que, en cuanto ciudadano, se atuviera a una racionalidad “científica” o ius-positivista que llevara a convalidar esta misma práctica. Lo escandaloso, por otra parte, es que prevalezca, a su vez, esa extraña racionalidad sobre la fe católica.
Lejos, muy lejos, está la enseñanza de León XIV del liberalismo que, de vez en cuando, muestra sus garras en la vida de la Iglesia. Es más: las palabras de papa Prevost podrían considerarse una continuación de la condena que la Iglesia, sobre a partir de su ilustre predecesor León XIII en Libertas, se hace del liberalismo. Lo hace, por cierto, con el tono amable al que ya nos tiene acostumbrados.
Sin exagerar, podría plantearse –como tema pendiente a desarrollar– si la enseñanza del papa León XIV en este Discurso remite a la noción de Civilización Cristiana, tan cara al Magisterio de la Iglesia con el cual se corresponde asociar nombres como los de León XIII, san Pío X, Pío XI y Pío XII y san Juan XIII.
Aunque en la superficie del discurso de la vida eclesial, en la actualidad, no se manifieste de modo notable una referencia –al menos una– a la edificación de un orden social según el derecho natural y cristiano, sin embargo el sensus fidei se da a conocer a través de minorías creativas que, movidas por la gracia y no por pretensiones meramente humanas, siguen profesando el Reinado social de Cristo. ¿Acaso un mundo más justo, más humano y más fraterno porque es más cristiano no es la mejor respuesta a los designios del Jesucristo, nuestro Salvador?
Gérman Masserdotti
(Foto: Pixhere)
