
Nuestro papa argentino no deja de sorprender y hoy “La Prensa” publica una nota titulada: “Francisco visitó por sorpresa a la histórica Emma Bonino”.
Para encuadrar bien el asunto, debemos señalar que esa “histórica” se encuentra vieja, enferma, convaleciente de una grave crisis cardiorrespiratoria y la visita sería una loable obra de misericordia, sobre todo, si se hubiera efectuado en forma privada, sin publicidad y sin fotos, como la que aparece en el diario, ambos en silla de ruedas, en un jardín.
Se habla de una figura histórica y Bonino lo fue y lo es. Siempre sostuvo posiciones contrarias la ley divina y a las enseñanzas de la Iglesia y así defendió el aborto, la eutanasia y cuanto pecado y vicio inventamos los hombres para apartarnos de Dios.
Respecto al aborto, considero que existen distintas responsabilidades a partir del mandato bíblico: “no quitarás la vida al inocente ni al justo”(Èxodo, 23,7) y su relevancia moral: 1) no incriminarlo como delito sin aprobarlo; 2) facilitarlo mediante su gratuidad en los hospitales públicos; 3) promoverlo; 4) practicarlo con reserva; 5) practicarlo publicitando con soberbia el hecho. 6) participar en el negocio macabro de la comercialización de los despojos de las víctimas, de sus cuerpecitos enteros o trozados, sin el menor respeto por los restos humanos que quedan insepultos.
Bonino participó en forma personal y activa en lo señalado en el apartado 5) e ignoro si lo hizo con el agravante del apartado 6), pero es posible, verosímil.
Se hizo famosa por el uso de la bicicleta con la pompa, máquina de aspirar y comprimir, para multiplicar los abortos.
A esta mala mujer, Francisco la describió “como un ejemplo de libertad y de resistencia”. Ella, desde los años 70, siempre estuvo librando batallas en las malas trincheras, desde la defensa del aborto hasta las del divorcio y la eutanasia.
El asunto es muy grave y muestra la confusión de Francisco, quien nunca estudió nada en serio, fuera de cuestiones técnicas, acerca de un tema tan importante, en el campo moral, como el de la libertad, que es un medio y que para ser ejemplar debe ordenarse al ser, a la verdad y al bien.
Así lo enseñó Juan Pablo II, en la encíclica Veritas Splendor, cuando critica a algunas corrientes del pensamiento moderno que han “llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla un absoluto que sería la fuente de los valores. En esta dirección se orientan las doctrinas que desconocen el sentido de lo trascendente o que son explícitamente ateas… ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de “acuerdo con uno mismo”, de tal modo que se ha llegado a una concepción radicalmente subjetivista del juicio moral”.
Juan Pablo II denuncia luego “la crisis en torno a la verdad”, impulsada por algunos que “conceden a la conciencia del individuo el privilegio de fijar, de modo autónomo los criterios del bien y del mal y de actuar en consecuencia. Es una ética que llevada a sus extremas consecuencias desemboca en la negación de la idea misma de naturaleza humana” (parágrafo 32) ed. San Pablo, Buenos Aires, págs. 53/54.
El papa polaco, con algo de filósofo, refuta por anticipado a su sucesor argentino, subjetivista, relativista, ajeno al ser y a la verdad y por lo tanto, al bien del hombre. Es por eso que puede, sin razón alguna, poner a Emma Bonino, como ejemplo de libertad, cuando esa libertad fue muchas veces muy mal usada, para asesinar víctimas inocentes.
Pero, además, la elogia como ejemplo de resistencia. Y me pregunto ¿a quién resistió? Al matrimonio indisoluble predicado por Jesús, cuando corrige al libelo de repudio de Moisés, legislación provisoria motivada por las circunstancias de la dureza de los corazones judaicos, para proteger a las mujeres; al cuidado de los enfermos, cuyo sufrimiento buscaba aliviar el padre Pío, a quienes esta mujer sin entrañas ni misericordia, busca eliminar a través de la eutanasia; a la resistencia de los nasciturus que aspiran a nacer, cuyos corazones laten y se resisten a ser asesinados por los servicios de Emma Bonino y de sus sucesores.
¡Basta de locuras! ¡Basta de incoherencias! ¡Basta de hipocresías! ¡Basta del exhibicionismo de una falsa caridad divorciada de la verdad! Los laicos católicos estamos hartos de un pontífice, que no nos representa. Y de su corte, en la cual, eliminado lo mejor, queda la resaca de lo peor.
Buenos Aires, noviembre 6 de 2024.
Bernardino Montejano
(Foto: wikipedia, Di Quirinale.it, Attribution)
