
Hace ya varios años la literatura defensora de la obra de España en América (y en las Filipinas) cuenta con una difusión mayor que la acostumbrada. Podrían mencionarse, entre otros libros, Imperofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español (2016) de María Elvira Roca Barea; En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras de Stanley G. Payne; Madre Patria. Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán (2021), Nada por lo que pedir perdón. La importancia del legado español frente a las atrocidades cometidas por los enemigos de España (2022) y Lo que América le debe a España. El legado español en el Nuevo Mundo (2023) de Marcelo Gullo y La forja del Nuevo Mundo. Huellas de la Iglesia en la América española (2018) de María Saavedra Inaraja. Aunque parezca redundante volver sobre temas vinculados a la obra de España “en las Indias” una vez que la historiografía ha desmontado científicamente los mitos antihispánicos, sin embargo es necesario insistir, no sea que se olviden verdades incontrovertibles.
Esta realidad de la mayor difusión de obras razonadas sobre España y su acción en América lleva a preguntarse qué es la Hispanidad. El interrogante resulta pertinente frente a posibles desfiguraciones de la misma no obstante las buenas intenciones de “poner en valor” lo hecho por España.
Sin entrar en el detalle erudito del origen de la voz “Hispanidad”, ella podría definirse o caracterizarse con las palabras del cardenal Isidro Gomá y Tomás, arzobispo de Toledo y autor de la conferencia “Apología de la Hispanidad” pronunciada en Buenos Aires en 1934: “América es la obra de España. Esta obra de España lo es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo, y es locura todo intento de hispanización que lo repudie”.
Formulemos una breve glosa de la idea de Gomá y Tomás. América es la obra de España, nos parece, en la misma medida en que la Corona de Castilla descubrió a “las Indias” para la humanidad. Lejos de todo relativismo o sociologismo, es fácilmente demostrable que, de la comparación entre civilizaciones y culturas, se sigue la superioridad objetiva de la civilización cristiana forjada por España en la Península y, como algo novedoso, en América. Lo que no quita reconocer también, por cierto, las limitaciones de la empresa hispánica. Debe recordarse, en este punto, que los mismos españoles fueron quienes examinaron su propia conciencia en lo referido a América en simultáneo con los hechos. Caso único en la historia, por cierto.
En segundo lugar, la obra de España lo es esencialmente de catolicismo. Aquí conviene recordar que la Santa Sede concedió los territorios a descubrir por Castilla en función de la finalidad evangelizadora respecto de los naturales. La razón de ser de la presencia de España en América fue la difusión del Evangelio. En este sentido, puede afirmarse que España fue una Monarquía Católica.
En tercer lugar, hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo. Esta igualdad se explica en la misma medida en que el catolicismo informó la nueva comunidad política (o mejor todavía, las nuevas comunidades políticas) en América. Cada uno de los reinos americanos descubiertos y forjados por España fueron otras tantas cristiandades que justificaron su presencia en América dado que la evangelización no solamente está destinada a los individuos sino también a los pueblos en orden a la consecución de la bienaventuranza eterna.
Lo dicho arriba reclama una advertencia. Resulta inviable una Hispanidad no católica o que reduzca el Catolicismo a un mero dato sociológico pero sin relevancia ética-normativa para la vida social-política. O dicho de otra manera: la Hispanidad (o su renovación) es católica o, sin más vueltas, no es tal cosa.
De por medio, en la promoción y la defensa de la Hispanidad (título querido por don Ramiro de Maeztu), está en juego la vigencia y la actualidad de la Civilización Cristiana en nuestros días. Si se trata de contar con un faro en la modernidad en vistas a restablecer el orden social según el derecho natural y cristiano, la Hispanidad siempre estará allí como desinteresado ejemplo en el cual inspirarse.
Germán Masserdotti
(Foto: Pixabay)
