
La existencia de los hombres y de las mujeres en los cuales el capítulo de la política es principal en sus vidas puede ser interpretada desde dos perspectivas: la arquitectónica o la agonal. Sabiendo que se trata de una simplificación, en la primera prevalece el criterio moral y, en la segunda, el análisis factual. En realidad, las cosas no son tan sencillas, como no es sencilla la misma existencia humana. Podría decirse que, debajo del barro de lo humano, late un ideal que debe ser tenido en cuenta para ser imitado.
Lo dicho arriba puede aplicarse a la biografía de un laico social argentino notable como Carlos Alberto Sacheri, el filósofo argentino nacido el 22 de octubre de 1933 y asesinado el 22 de diciembre de 1974 por miembros del ERP-22 de Agosto. Nuestro protagonista es autor de publicaciones como El orden natural, La Iglesia Clandestina y la poco conocida –pero tan fundamental como las anteriores– Filosofía e historia de las ideas filosóficas. Estas tres obras –sin olvidar su tesis doctoral en filosofía y numerosos artículos– puede considerarse una trilogía representativa del pensamiento teórico y práctico de Sacheri.
Si se tiene en cuenta la distinción arriba mencionada entre las perspectivas arquitectónica y agonal, una racionalidad separada de lo trascendente, en el mejor de los casos, podría afirmar que la vida de Sacheri se caracterizó, entre otras cosas, por una opción política asimilable a “la derecha”, cuando no, directamente, a “la extrema derecha”. De este modo, a esta denominación cargada de ideología se le sumarán, por razones singulares de la historia –y de la historiografía argentina– una larga lista de lugares comunes que, en el caso de Sacheri, carecen de cualquier sustento en la realidad.
Pero el panorama cambia de aire y de significación si lo que se tiene en cuenta no es el apriorismo ideológico de quien escribe sobre Sacheri sino los hechos y las palabras de la vida de nuestro protagonista.
Debido a la brevedad me detendré en algunos textos representativos del pensamiento de Sacheri. Escribir una historia de su vida exigiría otro trabajo.
Respecto de los textos políticos –con especial referencia a su patria pero no solamente– conviene precisar que ellos se inspiran en la Doctrina Social de la Iglesia, que es tanto como decir en la procuración de la Realeza Social de Cristo encarnada en un orden social de acuerdo al derecho natural y cristiano para el bien del hombre.
Veamos algunos ejemplos de El orden natural:
La parte propositiva
- “El mensaje del Cristianismo es un mensaje de plenitud. Plenitud humana y plenitud sobrenatural, armónicamente conjugadas en la adhesión a un Verdad plena que es el mismo Cristo, el Verbo de Dios encarnado, salvador de todos los hombres”.
- “Puede decirse que el bien común es la idea clave de todo pensamiento social y político conforme al orden natural”.
- “…toda recta concepción del bien común político requiere concebir al hombre como agente activo de la vida social”.
- Teniendo presente “la íntima vinculación que ha de existir entre el Estado y la Iglesia”, Ella tiene los siguientes derechos esenciales: “1) el Estado ha de acordar plena libertad a su acción específica; 2) el Estado ha de respetar absolutamente las exigencias del orden natural en su legislación; 3) el Estado ha de permitir la expresión privada y pública del culto y 4) el Estado ha de apoyar con sus medios la labor pastoral de la Iglesia”.
- “Desde el origen mismo del Cristianismo, la Iglesia ha venido desarrollando una labor constante por el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales y por asegurar la vigencia práctica de los mismos en los países a través de los cuales ha ido extendiendo su influencia benéfica”.
- “La renovación cristiana está al servicio del hombre en su camino hacia Dios. Para ello hay que operar una reforma intelectual y moral que transforme las inteligencias y los corazones. El principio está en la reforma personal y no en el cambio de estructuras que también puede ser necesario pero siempre subordinado a aquél, puesto que son personas de carne y hueso las que animan las «estructuras» o instituciones”.
- “La Iglesia ha afirmado siempre que la solución de los problemas sociales que a todos nos ocupan reside en una reforma o renovación y nunca en el cambio revolucionario”.
- “La doctrina católica es todo lo opuesto del «odio social». Supone una actitud integradora, armonizadora de todos los sectores en sus legítimos intereses. Parte del respeto de la persona y sus derechos esenciales, de la vitalidad de las familias, de la coordinación de los cuerpos intermedios y las asociaciones profesionales. Y todo ello bajo la supervisión del Estado como procurador del bien común y de la Iglesia siempre atenta al bien de las almas”.
- Sabiendo que el trabajo, según la ley natural, es una realidad necesaria, tiene una dimensión personal y otra social, Sacheri afirma: “El reconocimiento de la dimensión familiar del trabajo y del salario es esencial dentro de un orden de justicia ya que resulta imposible disociar a la persona de sus deberes familiares”.
- “Cada trabajador contribuye con su esfuerzo a asegurar la prosperidad general, con lo cual el trabajo es un vínculo de unión y no de separación y discordia social”.
- La empresa “no es sólo una comunidad de trabajo sino que es, al mismo tiempo, una comunidad de vida”.
- “La concepción cristiana de la empresa afirma el carácter personal del trabajo humano. En consecuencia, si la empresa implica trabajo, necesariamente ha de ser por encima de todas las cosas una comunidad de personas que se vinculan libre y responsablemente para sumar sus esfuerzos y competencias en el logro de la finalidad común”.
La parte crítica
- “Lo expuesto [el humanismo liberal; la economía liberal; la sociedad y el Estado; la moral y el derecho; cultura y religión] muestra claramente que la doctrina liberal elabora una concepción de la persona y de las relaciones sociales en abierta oposición al sentido cristiano de la vida”.
- “Esta concepción [el liberalismo económico] asigna al lucro, a la ganancia por la ganancia misma, el carácter de fin último de la economía. El afán de lucro no reconoce limitación de ningún tipo moral ni religioso”.
- “El juicio de la Iglesia siempre fue muy severo contra la usura y el liberalismo económico por someter al hombre a la economía en vez de colocar el dinamismo productivo al servicio de la persona. La solución cristiana estriba en la difusión de la propiedad, la humanización del trabajo y la instauración de una auténtica organización profesional de la economía nacional con la participación de todos los sectores bajo el ordenamiento jurídico del Estado”.
- “La doctrina social de la Iglesia ha rechazado siempre y con la máxima severidad las ideas y las prácticas que desvirtúan el recto uso del capital, para subordinarlo a la búsqueda egoísta del máximo lucro”.
- “La posición de la Iglesia frente al comunismo es de todos conocida: hay una total oposición entre la doctrina y la praxis del comunismo internacional y el sentido cristiano de la vida”.
- “La Iglesia no condena sólo al comunismo porque es ateo. Lo condena además por ser una y una praxis destructora de todo orden social y económico de convivencia [remite a Pío XII, Alocución del 13/05/1950]”.
- Sacheri recuerda los dichos de Pío XI en Quadragesimo Anno, 120: “Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios. Nadie puede ser buen católico y verdadero socialista”.
- “Toda la doctrina de la Iglesia, en los últimos dos siglos [XIX, XX; y lo que va del XXI] especialmente, ha rechazado enérgicamente la tentación de la violencia y el espíritu revolucionario”.
- “El realismo católico es completamente contradictorio con el utopismo revolucionario…No hay posibilidad de conciliación o colaboración entre ambos”.
Respecto de los textos eclesiales, llama la atención la preocupación por la unidad de la Iglesia por parte de un miembro del laico católico con vocación social y política y, en particular, en lo que se refiere a la unidad de la Fe. Veamos algunos ejemplos de La Iglesia Clandestina:
- “Las reflexiones que siguen no pretenden otra cosa que contribuir modestamente a la causa de la unidad cristiana hoy comprometida por los grupos pseudo-proféticos que se arrogan carismas especiales y pretenden pontificar sobre toda materia, como si poseyeran la única y verdadera autoridad para zanjar las cuestiones más controvertidas que afectan al hombre de nuestro tiempo. Animado por este espíritu y creyendo desde siempre que debe insistirse más sobre lo positivo y constructivo que sobre lo negativo y demoledor, no intento en modo alguno acusar y determinar responsabilidades, dado que ello no es de mi competencia ni de mi agrado”.
- Sacheri observa que “la meditación reiterada de los documentos conciliares [del Concilio Vaticano II] pone de manifiesto la admirable vinculación que existe entre la verdadera Tradición y la auténtica renovación; la fidelidad a aquélla es la condición indispensable para la eficaz realización de ésta”.
- La doctrina de la unidad de la Iglesia y la necesidad de preservarla se trata de “una de las numerosas proyecciones del mandato divino de la Unidad expresado por Cristo poco antes de que culminara en la Cruz su divina misión redentora: Que todos sean uno (San Juan, c. 17)”. Y agrega: “Esta vocación cristiana de unidad en Cristo y por Cristo ha constituido uno de los pilares del Concilio Vaticano II y uno de los ejes o puntos de mira en torno a los cuales se centra el esfuerzo de renovación pastoral y apostólica de la Iglesia universal”.
- “Esto es lo que importa señalar ahora: la quiebra de la unidad no es –en términos cristianos–sino una crisis de fe. La razón de ello es simple: la unidad de la Iglesia misma es unidad de Fe. Quien no haya comprendido que el fundamento esencial del edificio eclesial reside en la participación en una misma fe, nada podrá comprender de la crisis actual del cristianismo” (La Iglesia Clandestina, p. 16).
Como puede apreciarse, una mirada arquitectónica de la vida de Carlos Alberto Sacheri, en este caso a partir de sus textos, resulta ser más enriquecedora que una meramente agonal la cual, al fin de cuentas, no llega a captar la naturaleza del asunto del que pretende ocuparse.
Esta prevalencia del enfoque arquitectónico sobre el agonal también debería ser tenido en cuenta por parte de las autoridades eclesiásticas al momento de formular un juicio de valor acerca de la vida de los hijos de la Iglesia. En el caso de Carlos Alberto Sacheri, que es el de nuestro interés, se constata una visión de la realidad política nacional y de la realidad eclesial inspirada en la Fe animada por la caridad. Se trata de una base notable para considerar el reconocimiento del carácter virtuoso de su testimonio.
Germán Masserdotti
(Foto tratta da peregrinodeloabsoluto)
