
Fue sorpresa para todo el mundo. Nadie suponía una paliza electoral como la del 19 de noviembre pasado, con más del 55% de los votos a nivel nacional y 10 puntos de diferencia sobre su rival. Paliza dada por un personaje avenido al mundo de la política hace poco más de dos años: Javier Milei y su partido La Libertad Avanza (LLA), el presidente más votado desde el advenimiento de la democracia en Argentina (1983).
Fue también un voto más emocional que racional, que canalizó la bronca y el hastío de gran parte de la sociedad argentina, poniendo fin a un gobierno que hasta el último momento de su campaña electoral, sabiéndose perdidoso, pretendió instalar el miedo ante la posibilidad de un cambio y la derrota consecuente, todo ello con el sólo fin de perpetuarse en el poder a cualquier precio. Pero, gracias a Dios y para el bien de Argentina, el voto ciudadano decidió mayoritariamente en su contra.
Luego de 20 años de gobierno peronista-kirchnerista, con un intervalo entre los años 2015 y 2019 por la asunción del gobierno de Mauricio Macri, Argentina ha quedado sumida en la peor crisis social, política y económica de toda su historia. Pobreza, indigencia, inflación galopante, inseguridad jurídica, corrupción, narcotráfico, jóvenes que emigran en busca de otro destino (los que pueden por cierto), descreimiento de la clase política gobernante que ostenta, en su conjunto, una notable mediocridad intelectual y cultural, y que ha olvidado el compromiso moral e institucional que oportunamente asumió al servicio de todo el pueblo argentino.
Como ha ocurrido en otros países, víctimas como Argentina del populismo demagógico y de la dictadura de izquierda, bajo el sofisma del “Estado presente” los gobiernos de turno fueron principales responsables de la miseria social que ellos mismos promovieron. Sin duda, su estrategia de dominación ha requerido siempre el cumplimiento de tres condiciones básicas ocultas en la mentira del “Estado presente”, con el solo fin de seguir haciendo uso y abuso del poder: un pueblo pobre, un pueblo ignorante y un pueblo con miedo.
Y en Argentina lo lograron: a) pueblo pobre: más del 40% de la población está en línea de pobreza y ello afecta casi al 60% de los niños, 10% de la población en estado de indigencia, dato alarmante que condiciona gravemente las posibilidades de crecimiento y desarrollo a mediano plazo; b) pueblo ignorante: deserción escolar, erradicación del mérito en las aulas, adoctrinamiento en las escuelas, bajo nivel de instrucción, deformación del lenguaje, ataque frontal a la educación perfectiva que permite al enriquecimiento moral, intelectual y estético del educando, dato también alarmante que condiciona la posibilidad de contar con nuevas clases dirigentes debidamente capacitadas y educadas; c) pueblo con miedo: ausencia de premios y castigos, victimarios convertidos en víctimas, delincuentes libres y ciudadanos con miedo a salir de sus casas, incertidumbre sobre el futuro, inseguridad jurídica, narcotráfico, menosprecio de la autoridad y del uso de la fuerza para imponer el orden que toda sociedad necesita para poder vivir en concordia y amistad social.
Difícil panorama el que le toca enfrentar al Presidente electo Javier Milei, ello sumado a que la izquierda golpista instalada en Argentina, alineada a las dictaduras de Cuba y Venezuela y representada por medios de comunicación pagados por el actual gobierno, dirigentes de movimientos sociales, sindicalistas, ciertos sectores del peronismo y el kirchnerismo todo, no admite derrotas ni reglas democráticas, promoviendo por estos días el fracaso y derrocamiento de un gobierno legítimo que todavía no ha asumido. Difícil panorama que hace peligrar la paz y la concordia social.
Punto de inflexión importante en la historia de nuestro querido país. Se abren muchos interrogantes y serios desafíos por delante, agravados por un ambiente hostil al gobierno entrante. Sostener y consolidar la gobernabilidad será sin duda lo más difícil.
Pero abrigamos una esperanza, motivada por un aire renovado y fresco que comienza a soplar y que quiere revertir la desazón y la pesadumbre que hace varias décadas viene padeciendo la sociedad argentina. Gran mayoría de los votantes del Presidente electo Javier Milei representa una franja etaria de 18 a 30 años, jóvenes que quieren, como todos aquellos que lo han votado, un cambio, levantando para ello la bandera de la libertad.
Precisamente, en los tiempos de nuestra organización constitucional Juan Bautista Alberdi expresaba: “No hay libertad para el hombre donde su seguridad, su vida y sus bienes están a merced del capricho de un mandatario (…) La democracia es la libertad constituida, pues el verdadero gobierno no es más ni menos que la libertad organizada” (Juan Bautista Alberdi, político y jurista argentino, 1810-1884)
Por cuanto no se trata de apostar y de esperar sólo un cambio económico, necesario sin duda, antes bien priva la necesidad de un cambio cultural que permita recuperar la República, la voluntad de ser y la vocación de grandeza que alguna vez tuvo Argentina, lo cual no sucederá sino a mediano y largo plazo.
El desafío es muy grande y el destino de nuestra querida Patria está en juego, pero confiamos en que Argentina pueda renacer y volver a ser lo que fue, una gran Nación, dejando atrás largas décadas en las que la corrupción y la infra-cultura prevalecientes la han postrado en los umbrales del subdesarrollo.
Daniel Passaniti
Buenos Aires, 26 noviembre de 2023
Solemnidad de Cristo Rey
(Foto:wikipedia)
