
La reciente captura de Nicolás Maduro por parte de los Estados Unidos de América el pasado 3 de enero de 2026 puede considerarse desde diversos puntos de vista que, por ser diferentes, no necesariamente son contradictorios. Los reduccionismos conducen, inevitablemente, a una percepción equivocada de las cosas.
Hay, cuando menos, tres enfoques de análisis: el económico, el político y el cultural. Me detendré en uno de ellos de la mano de las palabras que el papa León XIV pronunció en el Ángelus del pasado domingo 4 de enero. Afirmó el Santo Padre luego de la habitual meditación y rezo de la oración mariana:
“Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica. Rezo y los invito a rezar por estas intenciones, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles”.
Como puede verse, el núcleo de la reflexión del papa León XIV es “el bien del querido pueblo venezolano”. Un criterio que, por una parte, no tuvo en cuenta el denominado régimen chavista pero que, por otra, no está seguramente garantizado por los Estados Unidos. Si se repasan los motivos expresados por el presidente Donald Trump para justificar la operación, puede advertirse que la soberanía de Venezuela, “el estado de derecho de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todo y cada uno” y otros puntos señalados por el papa están lejos entre las prioridades planteadas. Una sola palabra podría decirse al respecto: Petróleo. En realidad, se trata de algo más que meramente petróleo. En torno al mismo y a otros bienes económicos como símbolo, se busca consolidar una posición geopolítica. Nada que no sea conocido.
Desconozco, entonces, cómo alguien puede interpretar las palabras del papa León XIV, exclusivamente, en contra del régimen chavista y a favor de la intervención estadounidense. El párrafo citado del Ángelus no toma partido ni por uno ni por otra y, con sensatez, apela al “bien del querido pueblo venezolano” no como mera expresión retórica sino como parámetro de evaluación moral para enjuiciar las acciones pasadas, presentes y futuras.
A decir verdad, es la mejor posición que puede adoptar la Santa Sede para ubicarse en un lugar superador a fin de iluminar las coyunturas sociales puntuales a partir de la perenne Doctrina Social de la Iglesia.
Recemos un Ángelus por Venezuela. Para que esta padeciente nación hispanoamericana goce de la paz de Cristo en el Reino de Cristo. Como enseña el Evangelio: “Os dejo la paz, os doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No os inquietéis ni temáis!” (Jn 14, 27).
Germán Masserdotti
(Foto: Papa Leone XIV 2025 wikipedia, Di Proinseas)
