Se cumplen los 125 años de la promulgación de la Encíclica Rerum novarum.  El Observatorio ha querido honrar el aniversario de este documento magisterial tan importante acogiendo una reflexión plural y variada sobre el texto de León XIII y sobre la Encíclica escrita por San Juan Pablo II precisamente en el centenario de la Rerum novarum, la Centesimus annus, de la que se cumple este año el vigésimo quinto aniversario.

Este año 2016 se cumplen también los 110 años del nacimiento de Carlo Francesco D’Agostino[1] y el vínculo no es sólo una cuestión de fechas, pues este jurista y político católico fue el que más luchó en la segunda mitad del siglo XX en favor de una política nacional que siguiera la Doctrina Social de la Iglesia y, sobre todo, el gran diseño del Magisterio social de León XIII.

La fidelidad de D’Agostino al Magisterio de León XIII es integral y va más allá de la Rerum novarum, pues abraza la letra y el espíritu de todo el Corpus leonino. Como sabiamente ha observado el director Fontana, la Rerum novarum sólo puede ser entendida dentro de la totalidad del Magisterio de León XIII y en el marco que el Pontífice indicó, entonces, como respuesta a la modernidad axiológicamente entendida.

La respuesta de León XIII a la ideología moderna no es ocasional, ni se limita a lo particular; es una respuesta integral que dibuja, con valentía, una visión del mundo distinta respecto a la visión hija de la Revolución [Francesa]. En este sentido, se debe reconocer en la Aeterni Patris de 1879 el pilar sobre el que se apoyan todos los pronunciamientos de la Doctrina Social; de hecho, es en su elección del realismo cristiano según la escuela de Santo Tomás dónde la Cátedra de Verdad se sitúa más valientemente como defensa ante el error moderno.

El gran Papa León XIII eleva ese poderoso Corpus de doctrinas, que serán el núcleo fundamental e imperecedero de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre las sólidas bases del realismo y de la metafísica tomista. He aquí entonces que la Rerum novurum puede ser entendida sólo a la luz de la ética social de Santo Tomás de la que es, en su rango magisterial, feliz expresión. Hay más: el Papa Pecci, a partir de la Quod Apostolici Muneris de 1878 y a lo largo de todo su pontificado, afrontó los múltiples aspectos de la modernidad política, condenando su ratio subversiva del orden natural y cristiano y recordando y volviendo a proponer la idea de res publica christiana en toda su coherente homogeneidad. Por consiguiente, la Rerum novarum debe leerse junto a la Arcanum Divinae, la Diuturnum Illud, la Immortale Dei, la Libertas, la Sapientiae christianae, la Graves de Communi y el resto de la enseñanza leonina sobre el estado, la familia, la vida socio-económica, la libertad, la democracia, las ideologías como el liberalismo y el socialismo, etc.; en resumen, hay que leerlas de un modo unitario hasta llegar a la Dum Multa de 1902, con la que se condena el matrimonio civil en Ecuador. Y todo, como se decía antes, en el  marco filosófico trazado por la Aeterni Patris.

Es lo que hizo Carlo Francesco D’Agostino[2], dedicando toda su vida a la causa de la res publica christiana en Italia. D’Agostino fue un estudioso atento del Magisterio social de los Papas[3], en especial de León XIII, Pío XI y Pío XII; de hecho, su pensamiento y su acción política se inspiraron siempre en el mismo. A partir de 1943, año en que fundó el Centro Político Italiano (C.P.I.), D’Agostino se planteó el ambicioso objetivo de hacer del Reino de Italia una res publica christiana, es decir, una comunidad política regida según la justicia, orgánicamente estructurada según la Doctrina Social de la Iglesia, fundada en el reconocimiento de la realeza social de Cristo. Esto se ve claramente en la dirección programática del Centro Político Italiano, en el proyecto, elaborado por D’Agostino, de una Nueva Constitución del Reino de Italia y en todos los documentos del C.P.I., como en todos sus escritos socio-políticos.

D’Agostino, desde 1943 hasta su muerte, luchó para llevar adelante la batalla cultural tan justamente planteada por León XIII a favor de una visión orgánica de la societas christiana; de que el estado se rigiera según esos principios que el Magisterio social había indicado; de una comprensión clásico-cristiana del orden político que incluyera todo el amplio mundo de la vida en sociedad, desde la familia a la regalis potestas, desde las relaciones Estado-Iglesia al orden económico, desde la cuestión del Welfare al fundamento del ordenamiento positivo en el orden jurídico natural; etc.

El enfrentamiento con la Democracia Cristiana fue durísimo porque, según el propio D’Agostino, la DC se apropió del paradigma liberal-democrático renunciando desde la raíz a la reconstrucción de la Christianitas, precisamente porque la DC siguió programáticamente la politica moderna y no el horizonte indicado por León XIII y los Papas que le sucedieron. D’Agostino acusó repetidamente a la DC de haber traicionado los principios de Toniolo y, con ellos, el Magisterio Social de la Iglesia.

En este marco se sitúa la propuesta de regulación de la relación capital/trabajo que D’Agostino llamará asociacionismo empresarial y, de manera más general, su proyecto social[4]. Proyecto que es claramente leonino y, por lo tanto, tomista en la concepción orgánica de la sociedad, en la comprensión ético-jurídica de la economía, en la centralidad social reconocida a las familias y a los cuerpos intermedios, en la afirmación de la naturalidad de ciertas realidades asociativas (por ejemplo, los municipios, los gremios, etc.) y, por consiguiente, en su ser sustraídas (tanto en relación a su existencia como en su esencia) del arbitrio de la norma positiva.

D’Agostino era un pensador original que no sólo dio a conocer y propuso la lección social de los Papas, sino que elaboró un verdadero y propio modelo socio-económico planteando la empresa como una asociación de capital y trabajo en la que tanto los que aportan el capital como los trabajadores están asociados en un consorcio común con participación común en el riesgo de la empresa. La empresa se convierte, así, en un cuerpo social de tipo asociativo y las relaciones intra-empresariales entre los distintos componentes de la misma se entienden en el marco empresarial común en el que el bien particular es compartido por todos los sujetos de la empresa económica.

D’Agostino, además, confirma la naturaleza no estatal del Welfare, llevando el ámbito de la seguridad social, de los seguros y de las mutualidades al orden de la libre organización de los cuerpos intermedios de la sociedad civil a partir, precisamente, de las empresas, las cuales deben regirse sobre la base de la justicia rigorosamente aplicada hacia todos los sujetos, garantizando a cada uno lo justo.

El conjunto de la propuesta que regula la relación capital/trabajo avanzada por D’Agostino bajo el nombre de asociacionismo empresarial tiene como punto de partida la realidad de la empresa económica tal como la indica León XIII en la Rerum novarum, donde se dice que “ni el capital puede estar sin trabajo, ni el trabajo sin capital”[5], expresando así la cualidad de consortium de la empresa y la natural colaboración de los dos componentes del proceso económico (capital y trabajo). Es la comprensión misma de la realidad la que difiere respeto a las escuelas liberal y marxista. D’Agostino, cuyo pensamiento está vinculado al realismo clásico-cristiano, es tomista como lo era León XIII y quiso que fuera el pensamiento de los católicos el que respondiera a la violencia ideológica de la modernidad.

Muchas son, en detalle, las posiciones que ven en D’Agostino un retorno a la lección de la Rerum novarum: la condena de la concepción liberal del salario-bienes; la idea de la justa retribución calculada según el necessarium personae; el rechazo de la lucha de clase en razón de una comprensión colaborativa y gremial de la vida económica; la colocación de la iniciativa empresarial en la esfera privada; la valorización de los cuerpos intermedios; etc. Pero mucho más significativo es el espíritu general que anima el pensamiento socio-político de D’Agostino que es total y claramente leonino porque es integralmente tomista. De este modo, redescubrir y valorizar la reflexión socio-política de D’Agostino se convierte necesariamente en la valorización y redescubrimiento del Magisterio Social de León XIII y de la mejor moral social escolástica.

Afirmar, como el análisis objetivo de los textos y de los acontecimientos históricos sugiere, que en la segunda mitad del siglo XX italiano D’Agostino fue uno de los pocos, si no el único, que volvió a proponer el ambicioso marco socio-politico del Corpus social de León XIII y que incluso la gran tradición del catolicismo social, cuyo centro era claramente Toniolo, no tuvo después de la Segunda Guerra Mundial continuación y/o traducción política, lleva inevitable, aunque dolorosamente, a preguntarse sobre la correspondencia real del denominado catolicismo político del siglo XX -desde el PPI de Sturzo a la DC de De Gasperi, Dossetti, Fanfani y las otras mil almas del democratismo cristiano-, con la Doctrina Social de la Iglesia.

D’Agostino no hizo otra cosa que seguir la vía trazada por el Corpus de Léon XIII, confirmada por los Papas siguientes y recorrida con ejemplaridad por laicos comprometidos como el beato Giuseppe Toniolo. Luchó toda la vida para instaurar la civitas christiana, con el fin de que los diversos ámbitos de la vida se conformaran a esa “filosofía del Evangelio” de la que habla León XIII en la Immortale Dei, según una visión orgánica e integral de la sociedad. El hecho es que, a medida que pasaban los años, se encontró cada vez más solo, más marginado, hasta llegar a la conjura del silencio a la que fue sometido por parte de la cultura católica y por el catolicismo político en el poder, expresión todo ello de una inquietante elocuencia.

Como escribe el arzobispo Mons. Crepaldi, el pensamiento político de D’Agostino “es, en su clara identidad católica, distinto del liberalismo y del socialismo, pues es una traducción inteligente en el campo socio-económico de la Verdad católica y de la ética clásico-escolástica”[6] y nos recuerda que la ambición cristiana en lo que respecta al hombre es integral; es decir, que la Doctrina Social abraza todo el horizonte de la vida del hombre en sociedad según una visión orgánica en la que la propia civitas, más allá de los aspectos individuales, parciales y privados, está llamada a conformarse en Cristo. Este es el pensamiento de la Iglesia desde siempre y así lo enseñó León XIII en oposición a la modernidad política hija de la Revolución. Carlo Francesco D’Agostino fue un buen descendiente de tan ilustre Cátedra.

Don Samuele Cecotti

 

[1] Carlo Francesco D’Agostino (1906-1999), abogado, periodista, pretor honorario de Roma, funda en 1943 el Centro Político Italiano, organización política que reunía exponentes católicos de la clase dirigente nacional (hombres de la Corte, altos oficiales, jueces, diplomáticos, etc.) con el propósito de hacer del Reino de Italia un “Estado católico en la Iglesia universal”. El C.P.I. recibió en 1943 la aprobación del comité de La Civiltà Cattolica, convocado para examinar su programa, de competentes cardenales y hombres de la curia romana, como también la bendición del Papa Pío XII. En 1944 D’Agostino mantuvo diversos coloquios con el lugarteniente general del Reino, Humberto de Saboya, e incluso se le pidió que presentara una lista de ministros en la hipótesis de un gobierno católico “del lugarteniente”. Rechazó entrar en la Democracia Cristiana (DC) y durante toda su vida denunció los errores filosóficos y doctrinales del democratismo cristiano ganándose el apelativo de “anti-De Gasperi”. Dirigió el periódico L’Alleanza Italiana y escribió numerosas obras de tema socio-político. A partir de 1945 elaboró su proyecto social de “libre economía asociada”, definiendo la doctrina del asociacionismo empresarial.

[2] Sobre Carlo Francesco D’Agostino, véase en particular: D. CASTELLANO, De christiana republica, ESI, Napoli 2004; S. CECOTTI, Della legittimità dello Stato italiano, ESI, Napoli 2012; IDEM, Associazionismo aziendale, Cantagalli, Siena 2013.

[3] Ver: C. F. D’AGOSTINO, L’Uomo, la Famiglia, lo Stato, la Chiesa, beni economici, lavoro, proprietà. Sintesi di Dottrina politica dei Romani Pontefici, Editrice L’Alleanza Italiana, Osnago s.i.d.; IDEM, Dottrina politica della Cattedra di Pietro, Editrice L’Alleanza Italiana, Roma s.i.d.

[4] Para el proyecto social de D’Agostino, además de los muchos escritos sobre este tema del propio D’Agostino, ahora descatalogados, véase: D. CASTELLANO, De christiana republica, cit., pp. 161-188 e S. CECOTTI, Associazionismo aziendale, cit.

[5] LEONE XIII, Rerum novarum, 15

[6] G. CREPALDI, Prefazione, in S. CECOTTI, Associazionismo aziendale, cit., p. 6.

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